A AMAR SE APRENDE AMANDO

Desde un principio decidí que mí blog iba a realizarlo a partir de todo lo que me ha formado para ser quién soy ahora. En mi primera entrada (¡te invito a leerla para conocer un poco más sobre quién soy!), compartí un pequeño resumen sobre mi mayor pilar y sobre quién me ha dejado huella para ser la “Marta” que hoy soy. Mi familia. Aquellos que siempre están ahí para mí y a los que admiro por su forma de amar, única y bella. Hoy, le daré un toque algo más personal, más íntimo. Hoy hablaremos del amor. 


El amor, si me preguntas, es aquello que hace que nos movamos con un destino, con ganas y con incertidumbre. Desde pequeña me han encantado las películas de amor, que una amiga me contase quién le gustaba y hablar sobre ello, las canciones de desamor… No obstante, nunca he llegado a entender por qué sentimos esto que llamamos “amor” y qué es realmente este concepto. Entonces, he decidido preguntar a la gente a la que más amo lo que para ellos es el amor, lo primero que se le venga a la mente. 


Ante la pregunta las respuestas han sido las siguientes:

  • Mi madre: cuidado y honestidad. 

  • Mi padre: buena compañía, intimidad y confianza.

  • Mi hermana Sara: algo que te haga feliz en tu día a día. 

  • Mi novio Sergio: creo que es el equilibrio perfecto entre amar a una persona, tener confianza con ella y respeto mutuo.

  • Mi mejor amiga Laura: es algo esencial en la vida para ser feliz. 

  • Mi amiga Martina: ser escuchado, elegido.a

  • Mi amiga Ale: querer y quererte.

  • Mi amiga Irene: especial y bonito.

  • Mi amiga Carmen: paz.

  • Mi amiga Elena: magia.

  • Mi amiga María: cuidar del otro.

  • Mi amiga Laura: saber ponerte en su posición y tranquilidad.

  • Mi amiga Sandra: estar. 

  • Mi amigo Isma: el sentimiento que te entra cuando estás con la persona a la que más quieres.

  • La hermana de Sergio (10 años): Es un sentimiento con otra persona a la que tienes cariño o una amistad con ella. 


Para entender un poco más lo que es el amor, he investigado un poco acerca de lo que es este concepto para la ciencia. Normalmente, cuando uno se enamora escuchamos que se siente mariposas en el estómago, brillo en los ojos, rapidéz en el corazón… Sin embargo, tras un pequeño proceso de investigación he descubierto que para la ciencia el amor, entendido como “enamoramiento”, no es un sentimiento, es un conjunto complejo de procesos biológicos, psicológicos y evolutivos que ocurren en el cerebro. 


Para cada una de estas disciplinas el amor es visto desde una perspectiva diferente. La neurociencia estudia lo que ocurre en el cerebro y en las hormonas, a nivel biológico. Para la psicología son emociones, pensamiento y relaciones, a un nivel mental y conductual y para la biología evolutiva es el porqué del amor en nuestra especie, a nivel evolutivo. Todas tienen diferentes perspectivas pero coinciden en la idea del proceso químico dentro del cerebro. 


Pero, ¿qué pasa en nuestro cerebro cuando nos enamoramos?. Bien, el cerebro libera varias sustancias químicas (neurotransmisores y hormonas) que activan ciertas partes de tu cerebro, provocando una respuesta en nuestro cuerpo. Las hormonas que se secretan son:

  • Dopamina, que genera placer, motivación y euforia.

  • Oxitocina, conocida como la “hormona del apego”. Fortalece los vínculos emocionales.

  • Vasopresina, relacionada con la fidelidad y el apego en relaciones a largo plazo.

  • Serotonina, que cambia durante el enamoramiento y puede explicar por qué pensamos tanto en la otra persona.


Por eso, como vemos, el enamoramiento activa sistemas cerebrales similares a los de la recompensa, que se activan cuando conseguimos algo que deseamos mucho.  Por ello, se explica por qué el amor puede sentirse tan intenso e incluso a veces obsesivo. Además, el amor activa zonas específicas del cerebro como el área tegmental ventral (VTA), núcleo caudado y el sistema límbico (el hipotálamo, la amígdala y el hipocampo). Al enamorarnos hay un conjunto de procesos que transforman una gran parte de nuestra mente y, por ende, nuestro cuerpo. Por eso, notamos esos sentimientos de rapidez, descontrol e intensidad que hemos vinculado al amor. Pero, ¿ese amor de pareja es lo único que hay?.


Al ir preguntando a mis seres queridos su definición de amor, me he dado cuenta de que lo relacionan mucho con las relaciones sentimentales. Y como soy tan curiosa, he investigado acerca de ello. En primer lugar, la neurociencia afirma, como he explicado, que el enamoramiento es el amor más obsesivo y emocionalmente fuerte que hay, comparandolo con el amor familiar o amistoso. Por otra parte, la biología evolutiva señala que el cerebro ha priorizado este amor desde su evolución. El amor romántico cumple una función muy importante: la formación de parejas para la reproducción y la crianza. Esta crianza de los hijos requiere de muchos años de cuidado, por eso, el vínculo de pareja ha evolucionado para mantener a la pareja junta y aumentar el bienestar de los hijos. Por último, la cultura. Desde pequeños estamos rodeados de historias sobre películas, canciones, libros, celebraciones… Haciéndonos creer que es la meta central en la vida. Esto hace que psicológicamente la palabra amor se asocie primero con la pareja. Y tiene todo el sentido del mundo ¿verdad?. Pero, limitar el amor únicamente a esta dimensión sería pasar por alto la complejidad que tiene este concepto a lo largo de la historia. 


Los griegos también se dieron cuenta de esto, considerando que reducir el amor a solo una cosa, sería erróneo. Por eso, tenían palabras específicas para cada forma de amor.

  • Eros: el amor de pareja y pasional. 

  • Philia: el amor de amistad profunda, basado en la virtud y cooperación.

  • Storge: el amor familiar, el más tranquilo y estable. 

  • Agape: el amor por la humanidad, desinteresado y creativo. 

  • Philautia: el amor propio. 

  • Pragma: basado en la madurez y el compromiso mutuo a largo plazo.


En nuestro idioma solo tenemos la palabra “amor” para describir todos estos sentimientos, haciendo que lo vinculemos  a ese amor romántico. Pero, el cerebro no solo responde con el amor de una pareja, responde con todos estos conceptos de amor de una forma muy distinta. 





Como vemos en la imagen, el cerebro no responde igual ante la pareja, la familia, un amigo o incluso hacia una mascota. Cada forma de amor activa redes neuronales distintas. Lo que evidencia que a pesar de que lingüísticamente lo reduzcamos a un solo término, vivimos y sentimos todos estos términos del amor que el cerebro distingue. 


Vale, una vez entendido lo que es el amor y los mecanismos y procesos cerebrales implicados, me surgió una pregunta inevitable: ¿quién nos enseña a amar?. Es decir, ¿por qué a alguien le gusta el cariño y a otra persona no? o ¿por qué hay gente que es extremadamente detallista y otra que no?. ¿Significa eso que quienes no hacen estas cosas sienten menos amor, o simplemente han aprendido a expresarlo de otra manera?.


Bien, para explicar esto nos vamos a la psicología. La respuesta a esta última pregunta es que no, no sienten menos amor o quieren mal. Es que, según Chapman (2009), existen 5 lenguajes del amor. Estos “lenguajes” se trata de preferencias que tienen las personas sobre cómo dan el amor y en la manera en la que lo quieren recibir. Chapman afirma que cada persona tiende a expresar y recibirlo de maneras concretas.


En primer lugar, están las palabras de amor, cuya clave está en las habilidades comunicativas. Se trata de verbalizar ese amor con palabras de amor, ánimo, humildad, felicitaciones… En segundo lugar está el tiempo de calidad. Este consiste en compartir momentos y espacios con tus seres queridos estando realmente ahí. Es decir, escucharse mutuamente, dejando el móvil a un lado, sin mirar la hora para irse… La clave está en vivir ese presente con la persona que quieres, disfrutando y valorando ese momento. Por otra parte, están los detalles. No requiere necesariamente de un elevado coste o bien una gran cantidad de éstos. Por el contrario, es el tiempo que ha dedicado esa persona a pensar en tí y en hacerte o cogerte algo que sabe que vas a disfrutar. Y es la persona que realiza el regalo con ilusión únicamente para ver su felicidad a la hora de dárselo. Luego, los actos de servicio. Ésta se basa en hacerle favores o “servir” a la otra persona mediante tareas sin esperar nada a cambio o que lo hagas tú en su lugar en un futuro. Y por último, el contacto físico, el cuál puede llegar incluso a cambiar la manera en la que el cuerpo segrega hormonas (oxitocina). 


Sin embargo, no siempre el lenguaje de amor que das y el que te gustaría recibir es el mismo. Ni es el mismo que el de la persona que tienes al lado. Es por ello que muchas veces, ya sea con tu hermana, tu amiga, tu padre o tu pareja, puedes sentir que no estás recibiendo muestras de cariño por su parte. Cuando, en realidad, lo más probable es que puede que no os expreséis con el mismo lenguaje del amor. Por este motivo es tan importante que conozcas qué lenguaje te gusta recibir y qué lenguaje das. Ya que a veces a pesar de estar gritando en tu modalidad del amor, la otra persona no lo siente. 

No obstante, esto sigue sin responder a mi pregunta sobre ¿quién nos enseña a amar?. Quizá aquí es donde la educación debería ocupar un lugar más profundo de lo que solemos imaginar. Si amar no es solo sentir, sino también aprender a expresarse, entonces la escuela podría enseñarnos a reconocer nuestros propios lenguajes del amor y a respetar los de los demás. Y es que creo que educar no es únicamente transmitir contenidos, sino también acompañar en la construcción de vínculos sanos. Como sabemos, la escuela es el segundo agente de socialización. Desde que somos pequeños, aprendemos a relacionarnos con nuestros compañeros, crear amigos y vínculos que muchos de ellos nos acompañarán siempre. Pero, nadie nos enseña a identificar cuando esa relación se convierte en un apego tóxico. Tal vez, la escuela debería adquirir un papel más central dentro de esta parte de la educación emocional. De esta manera, descubriremos cómo tratar a los demás a través de la identificación de nuestro propio lenguaje del amor y comunicando cómo nos gustaría ser tratados. Ya que, tal como lo afirmó Aristóteles: educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto. Incluir esta dimensión afectiva en las escuelas no solo enriquecería nuestras relaciones, sino que también nos permitiría convivir mejor, entendernos más, tener mejores relaciones y comunicarnos mejor. 

Pese a que la educación pueda ayudar a mejorar en este sentido la manera de socializar, creo que el amor es muy complicado de entender sobre un papel. Es decir, nadie puede explicarte lo que se siente cuando recibes todos esos conceptos de amor que he explicado. Reflexionando, me he dado cuenta de que ese amor, como Eros, tan profundo y pasional, solo se vive. La escuela te puede dar herramientas e información ya que nadie nace sabiendo a amar ni a poner límites. Pero, ese sentimiento cuando recibes un mensaje bonito, cuando te dan una carta hecha a mano, un beso o te organizan una sorpresa un día cualquiera, incluso cuando te trae agua a pesar de estar muerto de sueño, te anima cuando estás triste y  bailais mientras cocináis… todo esto es lo que convierte el amor en algo que trasciende a cualquier libro o película. 


Igualmente, nadie te puede preparar para ese momento cuando termina lo que creías que iba a durar para siempre. Nadie te prepara para esa semana llorando sin parar ni los meses siguientes con un vacío enorme sin saber ni qué hacer ya que llevabas años con la misma rutina. Todo el mundo te dice que pasará y que dejará de doler pero tan solo con pensar en un futuro sin esa persona hace que se te encoja el pecho. Experimentas y haces cosas que pensabas que no eran propias de ti, pasas por mil fases y parece que te vuelves loca. Hasta que un día, poco a poco, empiezas a reconstruirte. Te das cuenta de que hay más vida y que hay que dejar ese dolor atrás y que la relación que tenías no era tan perfecta ni tan para tí. Aprendes, te conoces y un día te vuelve a gustar alguien. No del mismo modo, ni al mismo tiempo, ni siquiera como te lo imaginaste, pero vuelve. 


Nadie te prepara porque nadie entiende lo que es en realidad el amor. Al tratar de definirlo todo parece corto, siempre le falta algo más pero no sabes el qué. Te das cuenta de que en realidad no tienes ni idea de lo que es porque este concepto se siente, se vive, te transforma. Y es que solo se puede aprender a amar, amando


La escuela te ayuda a la hora de darte recursos y esa teoría para que sepas identificar lo sano de lo que te hace daño. Al igual que lo hace para que aprendamos a escribir, leer, bailar, tener buenos hábitos, reflexionar y tener pensamiento crítico… Pero solo escribiendo mucho dominaremos a escribir, hablando mucho en público aprenderemos el arte de la oratoria, solo leyendo mucho comprenderemos a cómo terminan por construirse las historias, las ideas y hasta nuestra propia manera de mirar el mundo. Practicando, equivocándonos, esforzándonos por sanar. Tal como hacían las Pateras del Yucatán observando a sus madres o los Sastres en Vai. Lo importante es entender que no porque se haya dado mal o peor una vez significa que no somos buenos ante ello. Cada intento nos moldea, cada error nos enseña y cada paso, por pequeño que sea, nos acerca a una versión más consciente de nosotros mismos. Porque el amor no se perfecciona en la teoría, sino en la vida real ya que a amar se aprende amando. 


 

Comentarios

  1. Marta que preciosidad!! Me ha encantado el recorrido que has hecho y creo que tienes toda la razón del mundo, para aprender a querer bien hay que atreverse a querer, aunque no siempre salga bien. Sin duda, merece la pena todo lo que aprendemos cuando amamos a otra persona.

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